Muy pronto, la carne que llega a las mesas de todo el mundo puede que ya no provenga de animales, sino de laboratorios. Un equipo de científicos holandeses de la Universidad de Maastricht está experimentando con carne in vitro producida a partir de células madre de cerdo con la intención de reemplazar la cría tradicional de animales. Así que, impregnados de entusiasmo, los investigadores ya están pensando en hamburguesas en tubos de ternera y en la posibilidad de crear carne comestible a partir de animales en peligro de extinción, como el panda.

Más allá de las fantasías y de las hipótesis, se trata de una investigación que podría poner fin a la violencia que millones de animales se ven obligados a soportar cada día, tanto en la gran industria como en las pequeñas empresas, sólo para satisfacer nuestros deseos “carnívoros”. También ayudará a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero e incluso el hambre en el mundo. Al menos según los investigadores.

Pero todavía queda mucho trabajo por hacer, empezando por la apariencia, ya que por ahora no parece ser la mejor: producida a partir de células madre de cerdos alimentados con suero de los fetos de caballos, la carne “in vitro” parece un tejido de unos 2 centímetros de largo y medio de ancho menos que uno, blanquecino y blando, muy diferente de la consistencia de la carne derivada de un proceso normal de cría y sacrificio.

“El color -explicó Mark Post, jefe del equipo de académicos holandeses, en la revista News Scientist- se debe a que no hay presencia de sangre y muy poca mioglobina, la proteína que contiene hierro. Pero estamos buscando una manera de aumentar el nivel de mioglobina para hacer que la carne in vitro se vea natural y darle al producto una apariencia roja.

¿Pero esta carne será buena? ¿Qué sabor tendrá? Estas preguntas no pueden ser contestadas, ya que hasta ahora nadie ha probado el “alimento revolucionario” debido a las estrictas leyes que impiden el consumo de tejidos artificialmente desarrollados a partir de productos animales. Pero los científicos han asegurado que el problema se resolverá creando un nutriente sintético para las células madre.

También hay que resolver el problema de los costes realmente prohibitivos de una hipotética compra del producto: una cifra que, según Post, se situaría en torno a los 250 mil euros. Y el investigador, una vez más, asegura: una vez producido a escala industrial, el precio puede no ser diferente de lo que pagamos hoy en día en la carnicería.

Tantos problemas a resolver, en definitiva, y un objetivo a perseguir: mejorar rápidamente y llegar a la primera hamburguesa creada en el laboratorio en un año. Pero el tiempo para comercializar el producto será mucho más largo: la carne artificial sólo podría aparecer en los supermercados en un futuro lejano, en 10 o 15 años.

Post subraya, por último, que lo que él llama “la única opción para los consumidores” podría desempeñar un papel importante en la lucha contra el hambre en el mundo. La Organización Mundial de la Salud ha pronosticado que el consumo de carne se duplicará para el año 2050. Un hecho que, según el profesor Post, “hace que nuestro producto sea la única forma posible de reducir la falta de alimentos dado el aumento constante de la población.

Mientras tanto, no estamos esperando las reacciones. Empezando por los de Coldiretti, que se apresuró a revisar los datos de la encuesta del Eurobarómetro, según los cuales tres de cada cuatro españoles (73%) estarían “preocupados por la aplicación de las nuevas tecnologías a los productos alimenticios que condujeron a la última producción de carne artificial en el laboratorio”.

“España, con un consumo de carne de más de 92 kilogramos por persona, de los cuales alrededor de un tercio se importa del extranjero, es -señala Coldiretti- un país especialmente interesado en los resultados de estos experimentos, que se presentan como una oportunidad para evitar que el animal sea criado en el establo y luego sacrificado, pero también como una necesidad para evitar problemas medioambientales de eliminación. Como han demostrado experiencias anteriores, empezando por la enfermedad de las vacas locas (EEB), las innovaciones en un sector como el alimentario, especialmente expuesto a riesgos para la salud, deben seguir el camino de la naturalidad y la seguridad, pero sobre todo -señala Coldiretti- deben hacer frente a los importantes problemas éticos que plantean las nuevas técnicas”.

Más allá de cualquier cifra, dejando a los niños de África en paz por un tiempo y evitando cualquier debate ético o moral, esta noticia tiene sin duda el mérito de haber centrado la atención en el problema del consumo excesivo de carne. El daño que hace. Si entonces es la revolución del futuro… ya veremos.

Categorías: Salud

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