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Copa America de Vela: regatistas en el paro

La incertidumbre creada por el litigio envía a casa a los tripulantes de los equipos

Mil familias. Ese era el cálculo de los empleos directos que creó la 32 Copa América. Mil familias que ahora mismo no ven nada claro cual es su presente ni su futuro. Muchos niños que no saben dónde acabarán el curso. Infinidad de inquilinos que tienen en vilo a los propietarios, la mayoría valencianos, de su piso. Dramas personales y anónimos que lamentan que su estabilidad esté ahora mismo en manos ajenas.

El litigio personal llevado a los juzgados que han perpetuado Ernesto Bertarelli y Larry Ellison provoca que las colas del paro se puedan ver protagonizadas por fornidos chavales, aún morenos, con camisetas llamativas llenas de publicidad. Y es que a los equipos que asisten, con mayor o menor actividad, al desaguisado en el que se han metido los dos magnates están cerrando la paraeta. "Marchaos a casa y dentro de no sabemos cuanto tiempo os llamaremos para volver a trabajar en Valencia", debe ser el mensaje que los sindicatos lanzan a sus empleados.

Mantener una estructura de Copa América en funcionamiento en un equipo de perfil alto puede rondar los veinte millones de euros. Dinero que actualmente no pueden permitirse ninguno de los equipos inscritos a excepción de los dos litigantes.

El equipo alemán, sin hacer ruido ni aspavientos, ya ha enviado a casa a su gente. El sindicato inglés del Origin puede anunciar este mismo lunes el cese de la actividad de unas cincuenta personas que estaban en la nómina de al incipiente sindicato británico.

Los neozelandeses ya amenazaron con que si en diciembre el asunto no se clarificaba debían cerrar las puertas de la oficina en Nueva Zelanda.

Y los más agoreros hablan de que esta misma semana el expediente de regulación de empleo va a llegar al Desafío Español en los próximos días, justo antes de las navidades en las que algunos pueden volver a casa pero para quedarse y un tiempo largo.

Lo peor es la incertidumbre. Si muchos se quejan de que la Copa es un mar de dudas, imaginarse el dolor que deben sentir los trabajadores de los equipos que no saben que va a ser de sus vidas es acongojante.

Muchos de los damnificados del litigio son regatistas, pero también hay administrativos, veleros, abogados, médicos, cocineros, periodistas. Sin embargo, los primeros son los que más alto precio pagan por lo que está ocurriendo. A muchos de ellos, empleados por sus habilidades físicas, la carrera deportiva no supera la decena de temporadas en pleno rendimiento.

Los requerimientos físicos para darle a un molinillo de Copa América son altos y sólo al alcance de gente en plenitud de facultades. Un parón de dos temporadas es mortal. Ayer mismo, uno de esos regatistas comentaba sobre el presente: "No sé lo que nos van a ofrecer, si los TPs o ir a la Vuelta al Mundo. Lo que sea con tal de trabajar..."

Hay otros sindicatos que no arrastran estos problemas. El Ayre, por ejemplo, es un equipo al que el parón le afecta de una forma muy diferente a los que ya tenían la estructura montada y con compromisos económicos adquiridos con los empleados. Al no tener regatistas fichados su visión del problema es menos traumática. (fuente LAS PROVINCIAS)

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